obras maestras que (casi) nadie vio 0.3.1: henry: retrato de un asesino

1
no conozco chicago. podría hacerme una idea de sus barrios clasemedieros con alta fidelidad. concluiría que es una ciudad amigable, concentrada, con buenos servicios y, naturalmente, con una escena musical que se antoja; una ciudad con intereses. en los intocables, chicago está orgullosa de su revival neoclásico –ejemplo: el tiroteo en union station (doblado al español!):

está también el chicago de carl sandburg:

stormy, husky, brawling,
city of the big shoulders:
they tell me you are wicked and i believe them, for i have seen your painted women under the gas lamps luring the farm boys.
and they tell me you are crooked and i answer: yes, it is true.

esa ciudad sí se antoja. se parece mucho a la de henry: retrato de un asesino (mcnaughton, 1986), que a su vez me recuerda a la ciudad de méxico. carajo, no la tengo a la mano, pero en mi memoria se parece al df de nocaut (garcía, 1984).

el chicago donde vive el ojete de henry –quiero decir: que recorre y acaso disfruta henry– está solo como el distrito federal en martes a las dos de la mañana:


no necesariamente inspira miedo, pero sí un respeto profundo. pasearse por esas calles requiere un cerebro sólido, tal vez terco: se parecen más a un lote baldío, como si el mundo hubiera terminado silenciosamente y esperara a que llegue un nuevo origen. esta película tiene mucho que ver con un estado posterior a la sofisticación: hay cultura –hay lenguaje y tecnología–, pero es como si la historia se hubiera ahuecado de repente:


2
henry vive con otis, un exconvicto liberado bajo palabra; ambos se conocieron en la cárcel. henry cayó por matar a su madre con un bat, según le cuenta otis a su hermana becky, quien ha llegado a la ciudad buscando dinero tras un matrimonio fracasado. creo que ya saben de qué tipo de película estamos hablando.

por las noches –aunque con algunas licencias diurnas– henry sale a cazar mujeres: las estrangula, las golpea, entierra lo que tenga a la mano en sus bocas. una botella de coca cola, por ejemplo. otis es más un pillo: trabaja en una gasolinería y vende guatitos de mota ocasionalmente. no es buen díler: a veces se le antoja tocar la pierna de sus clientes –chavitos que se descolgaron de los barrios fresas de chicago–, pero él no se les antoja. entonces henry le da la lección más valiosa de su vida: matar se siente bien. tanto que, cuando roban una cámara de video para registrar sus crímenes, otis ve una y otra vez las grabaciones en la sala de su departamento.

en el clímax de la película –y después de una larga cadena de complicidad homicida– otis aprovecha que henry ha salido por cigarros para violar a su hermana.

aquí cabe un paréntesis: henry posee un código más o menos estricto, más o menos laxo, cuyo primer artículo es: no cometerás dos crímenes iguales. él sabrá explicártelo mejor:


el enésimo artículo de su código es: no permitirás que maltraten a becky, con quien acaso se ha encariñado. por eso, cuando vuelve de la tienda, henry la defiende. henry es fuerte, pero otis es mañoso, y logra dominarlo. a un instante de matar a henry, becky devuelve el favor y clava un peine en el ojo de su hermano. olvídense de las metáforas, niños:



hasta ese momento, becky había sido una mujer sencilla, ingenua, incluso encantadora –ej.: cuando nos recuerda que es una turista en la ciudad:


el ataque contra su hermano es predecible si te lo cuento aquí, pero en los 22 segundos que dura el pleito es inesperado. a estas alturas, las decisiones de la editora elena maganini brincan, en un segundo, de lo ágil a lo maniaco: hay 12 cortes en la secuencia: tres en los primeros doce segundos y nueve en los diez restantes. segundos que suenan como un martillo.

en verdad: después de ver bailar, coquetear y sonreír a becky, es extraño que cometa un acto tan salvaje. es extraño, si no te has fijado en dos gestos previos. el primero:


y el segundo, frente a henry:


su ataque es instintivo y, por lo tanto, profundo: ha nacido en el fondo de su hipotálamo.

3
henry y becky –¿es coincidencia la rima?– escapan. ella tiene miedo, pero él le cuenta de una granja donde pueden resguardarse: es de su hermana. tiene media docena de caballos árabes. ‘son hermosos. podemos quedarnos hasta que queramos’, agrega. (henry no está mintiendo: está soñando. cuando henry miente, lo hace mal:


).

en el minuto 77 la película se reinventa, se vuelve un logro: pasan la noche en un motel. becky rasga ociosamente una guitarra; se acuerda que alguna vez tuvo el don de la música: hoy es una persona más –como su hermano, como henry– que no sabe cómo llevar su propia vida.

henry le dice que ya es hora de dormir, y duermen. a la mañana siguiente, henry se rasura, sale con una última maleta, y la guarda. becky espera en el auto.
o no.
la forma en que nos lo relatan es sutilísima: el buick color aceituna camina en reversa hacia nosotros hasta alinearse con la cámara, situada a la altura de la cajuela. vemos las placas (gmv 407) y una calcomanía (the moose is loose!). arriba, a través del medallón, sólo vemos una cabeza: la de henry. el auto se va. han de ser las seis de la mañana (horario de verano).



el último minuto de la película es empleado así: henry se detiene en el acotamiento de la carretera. abre su cajuela, espera a que pase un auto, toma una maleta y la deja sobre el pasto seco. como si se tratara de un nuevo comienzo, el cadáver nos cuenta sus últimos segundos de vida: el tiempo es cíclico. ‘¿y no recurriremos’, así reporta borges las palabras de nietzsche, ‘otra vez el largo camino, en ese largo tembloroso camino, no recurriremos eternamente?’

4
si nos concentramos en otis y en su hermana, henry es el relato de sus últimos días en esta tierra. por el contrario, si vemos la película pensando en henry –que es lo más natural–, presenciamos, más que su historia, un corte transversal: no conocemos el final de su vida ni el principio: sólo la textura.

posdata
imaginemos que no se trata de una película sobre dos criminales, sino sobre dos pornógrafos. digamos: dos tipos duros, ociosos, que convencen –o fingen convencer– a mujeres para que acepten ser grabadas mientras cogen. (en henry, nadie nunca vende nada, sólo disfrutan repitiendo la película: la misma familia es asesinada una y otra vez: otro guiño al motivo del tiempo cíclico). imaginémoslo: ¿no lo hemos visto ya?

~ by gabriel lv on February 4, 2011.

2 Responses to “obras maestras que (casi) nadie vio 0.3.1: henry: retrato de un asesino”

  1. henry es, además, una modesta cátedra de gran edición. un ejemplo.

    **

    un buen post sobre la factura de henry, aquí.

  2. […] This post was mentioned on Twitter by loungeymartinis, Javier Cordero. Javier Cordero said: RT @Loungeymartinis @chanwilin obras maestras que (casi) nadie ha visto: 'henry: retrato de un asesino': http://tinyurl.com/4cg5ww3 > +1000 […]

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