apuntes para una historia de la balacera

i
un día habría que hacer una historia de la balacera cinematográfica. para aproximarse a ella tendríamos que trazar, primero, una división: la balacera bélica y la balacera criminal. (por supuesto, la división es ambigua: ¿quién puede decir que la balacera de apocalipsis ahora –coppola, 1979– en que los gringos destruyen vietnamitas cuando estos se agachan a recoger el perro no es criminal?, ¿y, cuando se filme la balacera en que murió beltrán leyva, no dirán los críticos marciales que sucedió durante una guerra?) veamos, por lo pronto, la balacera “criminal”.

ésta habría que dividirla también: uno contra todos y todos contra todos. (uno contra uno no vale, por ahora, aunque haya más de un balazo: es un duelo.) uno contra todos incluiría su reflejo: todos contra uno. de este subgrupo sin lugar a dudas la máxima es la secuencia aquella en que emboscan en la carretera al combustible sonny corleone –padrino i, coppola, 1972–; la secuencia tiene una cadencia que te va revelando la proximidad de la muerte: todo alrededor se hace silencio, el cobrador tira una moneda, se cierra una puerta. de pronto ya lo sabes: estás a punto de morir y es la fiesta de las balas y sonny grita y baja del coche sustentado por el fuego que se cierne sobre él sin escape alguno. (la balacera final de bonnie & clyde –penn, 1966– es como un anticipo de la de sonny.)

del subgrupo uno contra todos –es decir: en el que el uno lleva el control de la balacera– hay tres imprescindibles. la que sucede hacia el final del segundo acto de de paseo a la muerte (los coen, 1990), donde el capo irlandés leo destruye merecidamente a los asesinos enviados a matarlo a él, es como una canción de cuna o una elegía funeral cantada sobre la melodía de “danny boy” al ritmo polimétrico de la metralleta thompson:

la que sucede al final de los imperdonables (eastwood, 1992), donde el anciano william munny vuelve de entre los muertos –hace años que vive en una granja, desarmado y sin puntería–, borracho e invencible como el diablo, para matar a los que mataron a su amigo, es también una canción: “sí, yo soy william munny, asesino de mujeres y de niños, asesino de todo lo que anda o repta, y he venido a matarte a ti por lo que le hiciste a mi amigo ned.”

por último, la balacera al final de taxi driver (scorsese, 1976) es uno contra todos y uno contra sí mismo. el taxista enajenado travis bickle, peinado de mohicano, mata a un padrote; entra a un hotelucho, en el corredor le dispara al gerente –éste grita “¡hey!” y, pavorosamente, la mano le estalla a cuadro–; recibe un disparo en el cuello: es el padrote, que ha venido a rastras a vengarse; con una fuente de sangre en la nuca travis voltea y lo remata; de las escaleras surge un cliente que le dispara en el hombro; travis gira: le pone un balazo en la frente; el gerente, arrastrándose y gritando “i’ll kill you i’ll kill you!”, llega hasta él; travis le atraviesa la mano que le queda con el cuchillo y le vuela la cabeza; se pone el arma en su propia barbilla, jala el gatillo: se ha quedado sin balas. entonces se deja caer al sillón, desesperado y loco; se pone el índice goteante de sangre en la sien y hace como si se disparara: pum:

esa secuencia, que ha tenido muchas hijas (las más hermosas: las balaceras finales del ángel de la venganza, ferrara, 1981, –vid. parte 01, parte 02– y light sleeper, schrader, 1992), es un descenso al peor de los infiernos: el que está adentro de nosotros, alumbrado por la luz de nuestra mente.

ii
es probable que la mejor balacera posible todos contra todos aún no se haya filmado. se trata, creo, de esa secuencia que no es exagerado calificar de mágica al final del capítulo iv de la novela blood meridian de cormac mccarthy, en que la tropa de mercenarios gringos se encuentra atacada por comanches. incluye “una legión de horribles”, miles en número, vestidos como en un sueño febril con pieles de animales, con uniformes aún ensangrentados de sus víctimas, un indio con sombrilla, otro con medias blancas y velo de novia, otro tocando una flauta hecha de un hueso humano, otro con cuernos de búfalo, payasos mortíferos aullando en una lengua incomprensible y bárbara, fiesta de balas, lanzas, flechas y cuchillos, caballos que se hunden con un grito neumático, hombres balaceados en el polvo, profanados, sodomizados, extirpados, desmembrados, cubiertos de vómito y de sangre. mágica si la magia puede provenir de un infierno más horrible que el que dios nos tiene prometido, esta balacera no ha sido filmada y está bien que así sea: el hombre que la pudo filmar está muerto: sam peckinpah. (si a alguien le interesa, puede leer esos párrafos de mccarthy acá.)

lo que queda de la pandilla

afortunadamente, en el reino no de lo posible sino de lo real, peckinpah creó una de las tres balaceras grupales claves de la historia del cine: el encuentro final de la pandilla salvaje con los soldados/bandidos mexicanos del mapache (emilio fernández) en los últimos ocho minutos de the wild bunch (1969). con ella el western crepuscular (o “revisionista”) alcanza su primera cima y con ella se inaugura tal vez la balacera moderna: una literal danse macabre con cuerpos que caen en cámara lenta y sangre que vuela desde las heridas también en cámara lenta: coreografía dichosa y ágil porque morir en una balacera así, matando mexicanos o gringos, gritando como un loco, es bien morir. la segunda de las tres balaceras grupales claves está en disputa: para algunos, es la de trinity y leo en el lobby en matrix –para mí su bailable es algo aburrido y no significa un avance real de la de peckinpah– o el encuentro final del bueno, el malo y el feo (leone, 1966) –pero ¿es balacera?– o la secuencia de la cabaña en enemigos públicos (mann, 2009) –admirable reflexión sobre el color negro– o la secuencia de la escalinata de los intocables (de palma, 1987)…

iii
la tercera balacera, en cambio, no está en disputa. comienza con la orden de vincent hannah (al pacino) a sus tiras: “get clean shots” en el minuto 106:32 y termina en el 113:50 cuando el propio hannah, con un clean shot, ha matado al ladrón cheritto (tom sizemore) y recogido a la niña rehén con un “i got you”, en fuego contra fuego de michael mann, 1995.

un análisis: en esos 438 segundos hay 262 cortes, cada toma dura en promedio 1.67 segundos (para que nos demos una idea: la toma promedio de crank 2, la película entera, dura 1.8 segundos; del total del teniente malo de herzog 14; del clímax en el antro de colateral de mann, 2.15 segundos); tiene un prólogo y cuatro actos (¿o acaso un prólogo, tres actos y un epílogo?): en el prólogo vemos el asedio de la policía de los ángeles sobre los ladrones justo cuando han terminado el asalto bancario –far east national bank, 11:30 de la mañana–, la tira agazapada entre la gente, detrás de las columnas o los autos, avanzando, avanzando, y termina cuando chris (val kilmer), el ladrón romántico, ve a un policía armado en la acera de enfrente, 26 tomas más adelante. en la toma 27 chris dispara el primer balazo y comienza el primer acto de la balacera: el de la huida en el lincoln negro, cuyo clímax sucede durante los cuatro segundos que dura la toma 61 (minuto 108:15-19): neil mccauley (deniro), en cámara lenta, apunta y dispara contra el parabrisas de su auto: son unos segundos inestables en que mccauley tal vez deja entrever que tiene miedo; el acto termina con la muerte del conductor (y, por tanto, el cierre de esa trágica subtrama) y el choque del auto.

el segundo acto es la balacera en las barricadas: mccauley y chris contra la policía angelina. (cheritto, a la mitad del acto, toma un camino lateral, que lo llevará al cuarto acto o al epílogo.) este acto segundo es el más tenso de la balacera: tomas largas –alguna de 5 o 6 segundos– en que chris o mccauley descargan sus armas con la agilidad o la certeza de soldados experimentadísimos; detalles de la penetración de las balas en las carrocerías de las patrullas; en el clímax, un par de cortes rápidos hacia chris: éste recibe un balazo; el acto termina con la reacción de mccauley, que levanta del suelo a chris (“get up man!”), su hombre más cercano, y se lo echa al hombro.

una pausa de unos segundos casi de silencio nos permite ver la devastación: un tira que agoniza, patrullas hechas pedazos. comienza el tercer acto, que enfrenta a mccauley y a hannah en otro “terreno”: el terreno de lo que son capaces. hannah retoma la acción en la toma 197 (minuto 111:35); mccauley huye al estacionamiento de un súper y, frenético, dispara contra la policía sin medir la posibilidad de matar inocentes: hay gritos, gente tirada en el suelo. michael mann invierte los papeles de sus protagonistas: el ladrón ultracool dispara contra todo lo que se mueve; el policía enloquecido mantiene la calma (en la toma 207, por ejemplo, dispara dos veces al aire). el acto termina cuando mccauley y chris logran subirse a un auto y salir del estacionamiento: hannah les apunta y, en el minuto 112:25, no dispara: los ha dado por perdidos.

si consideramos que heat es una medida de las fuerzas de mccauley y hannah, aquí comienza el epílogo o coda de esta balacera; si consideramos que es una medida de las fuerzas de la ley y las de los forajidos, aquí comienza su cuarto acto. disparos a la distancia alertan a hannah de que, en otro lado, la persecución no ha terminado. con esa elegante edición de sonido vamos hasta cheritto, que va abriéndose paso hacia una explanada –él no lo sabe pero también va hacia hannah–; lo vemos tropezar en una fuente, casi ridículamente, y alzarse con más adrenalina; lo vemos cargar en brazos a una niña, como rehén. en el minuto 113:05 encontramos a hannah corriendo junto a un muro y lo acompañamos durante 8 segundos: entonces descubrimos, junto con él, que ha quedado frente a cheritto (mientras cheritto, ignorante, de espaldas a nosotros, se defiende de sus persecutores); hannah apunta; segunda cámara lenta de la balacera (2 segundos) cheritto gira y ve de frente a hannah, silencio, y éste hace fuego: clean shot: cheritto está muerto. los policías recuperan a la niña rehén. “i got you”: la balacera terminó.

la balacera de fuego contra fuego es precisa: pone a prueba nuestra concentración y distribuye con exactitud satelital nuestro mapa mental de unas cuantas cuadras de los ángeles; es conmovedora: cierra de una manera hermosa y triste la subtrama del jodido ex convicto, breeden, cuyo destino no podía ser el de voltear hamburguesas en nombre de una condicionada, falsa libertad; es narrativamente efectiva: distribuye hacia delante los destinos de dos personajes, mccauley y chris (los fuerza a capitular), pone un fin consecuente a otro, cheritto, quien antes de aceptar esta chamba nos había informado “well, ya know, for me the action is the juice”, y coloca firmísimamente los cimientos para construir el patético último acto de heat; es un microcosmos de la película que la contiene y también (ya lo dijimos cuando revisamos su tercer acto) una sublevación de la idea que nos hemos hecho de sus protagonistas. ésos son hechos. mi opinión –“ésta es la mejor balacera de la historia del cine”– es irrelevante.

~ by alonso ruvalcaba on June 13, 2010.

6 Responses to “apuntes para una historia de la balacera”

  1. texto aparecido, en parte, en revista vértigo.

    * *

    gracias a fernanda solórzano y ernesto diezmartínez (y sus lectores!) por sus contribuciones.

    un día de veras vamos a escribir esa historia.

    * *

    hace 15 años, cuando vi por primera vez heat en el cine un wey sentado atrás de mí se quejó, durante la balacera, “puuuuta, cuánto va a durar esta película?!” benditos sean el vhs, el dvd, el torrent y cuantas cosas sigan por convertir en innecesaria la molesta costumbre de ir al cine.

  2. […] This post was mentioned on Twitter by isabel zapata, gravity's ra1nbow. gravity's ra1nbow said: en cinécdoque :: apuntes para una historia de la balacera cinematográfica : http://bit.ly/bMQxZH […]

  3. Las relaciones amorosas son como las traducciones: ‘Las buenas no son fieles y las fieles no son buenas’. #oídoalpasar

  4. blood meridian saldrá en el 2011. la dirigirá todd field, el wei de in the bedroom ··ya olvidé cómo se llamó acá, pero coincidió con una de temática y hasta título similar, la habitación del hijo, de moretti, que es infinitamente mejor.

    no ha filmado nada desde 2006, tons quizá esté un poco oxidado, pero quién sabe.

  5. pausa: está bien bueno ese! hay que traducir a relaciones la frase aquella de borges de “el original es infiel a la traducción”, no?

    gabette, mnta. ese mccartur deja que cualquier baboso haga sus libros. ojalá que al menos le quite lo aburrido a blood meridian, no?

  6. ey, ese borges es un genio de las relaciones.

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