apuntes : the limits of control vs los abrazos rotos

uno. es probable que the limits of control y abrazos rotos de jim jarmusch y pedro almodóvar compartan muchos rasgos; desde mi punto de vista es innegable que comparten uno: ambos son un ejercicio masturbatorio de dos directores enamorados de la interacción de su puño y su pito. y, como todas las chaquetas que alcanzan a culminar, estas películas están absortas en el círculo de sí mismas y su autor y también, en el último momento, son una explosión de dicha.

dos. ¿es necesario un nuevo film de almodóvar o de jarmusch? lo ignoro pero, por la evidencia que dejan tras de sí de estas dos pelis, claramente sus autores saben que un nuevo film propio es innecesario; que, por ahora, han alcanzado ya los límites de su expresión. jugar a ser almodóvar o jarmusch: casi no hay nada más sencillo que eso, y la verdad es que almodóvar y jarmusch practican el juego con soltura suficiente. almodóvar y jarmusch, en el peor de los casos, son una colección de singularidades, de quirks. (shakespeare es casi inimitable porque es una colección de mucha gente; borges es imitabilísimo porque es lo contrario: un minucioso catálogo de sí mismo.) jugar a ser almodóvar: enredar mujeres enervantes, putos y weyes calenturientos en un amasijo melodramático entintado de noir y actuado en el entrepiso de la sobriedad y el exceso patético. jugar a ser jarmusch: enredar solitarios casi zombis en urdimbres vaguísimas de humor deadpan actuadas en la frontera que divide lo pétreo y lo semihumano.

tres. afortunadamente para todos, almodóvar y jarmusch son excelentes conocedores de la obra de almodóvar y jarmusch y eso les permite, en dos o tres momentos durante su larga chaqueta, subvertirse, engañarse como quien se engaña masturbándose un momento con la mano izquierda.

ejemplo en almodóvar: un hombre, celosísimo, manda grabar a la mujer que es suya y lo obsesiona; la grabación no tiene sonido; el hombre consigue una lectora de labios que le revele las cosas secretas que se dicen su mujer y el amante de ella; las cosas reveladas son dolorosísimas: “nunca había tenido tanto asco”, “he pasado 48 horas con ese puerco de mierda encima de mí”; la cámara se aleja un poco y se detiene en la escena laboral de la lectora de labios y su jefe, y en el hecho de que ellos aceptan que, después de todo, esto no es sino una escena laboral.

ejemplo en jarmusch: un hombre que está solo llega a una casa que está sola, y es blanca como un cuadro de chillida. se recuesta, él es oscuro como su traje y su piel y su mente; sobre él el pequeño cielo de la ventana es visible a través de vidrios rotos. silencio y el silencio es el silencio que hay en el desierto o en la muerte. el cielo es azul, luego blanco, amarillo, casi rojo. nada más. puta madre puta madre: nada más.

son minutos o segundos pero uno sabe, inevitablemente, dos cosas: estás en el universo de almodóvar y en el universo de jim jarmusch y almodóvar y jarmusch no saben que están en su universo.

cuatro. y luego reconoces: éstos son dos de los directores más convencionales que existen. (en la lista yo incluiría a lynch, a wes anderson, a tim burton, a martin scorsese, a michael mann.) la diferencia entre ronald emmerich o michael bay y almodóvar y jarmusch es, nada más, que en los primeros las convenciones son obra ajena, en los segundos obra propia. como autores, los cuatro, en este momento, cuentan con la misma cantidad de imaginación renovada: computable en cero.

(imagino a jarmusch y a almodóvar en la planeación de su nuevo film: vieja histérica: check, solitario silencioso: check, puto histérico: check, revelación metafísica: check, reunión fílica: check, etcétera etcétera: check check.)

cinco. y luego, como toda buena chaqueta, estas dos terminan en una explosión de dicha y de chingonería. qué importa si nos estamos amando a nosotros mismos, a nuestro puño, a los necios personajes que aparecen interminablemente en nuestra mente y son o no una aparición o un reflejo de nosotros: esta chaqueta es semen que estalla y salta y se nos sale de las manos.

pensemos en el orgasmo de almodóvar. almodóvar ha ejercido en las primeras dos horas de abrazos rotos su peor dirección de actores en, al menos, veinte años, para permitirse en los últimos cinco minutos de su película ejercer la mejor dirección de actores de toda su carrera: una secuencia que es puro gozo, pura felicidad (y que intenta que veamos, claramente, lo capaces que son sus actrices de divertirse y de ser dos viejas absolutamente inigualables), una secuencia “de almodóvar” que revisita mujeres al borde de un ataque de nervios, la corrige y la devuelve con un florín indiscutible de la mano: cualquiera puede ser almodóvar, cierto, pero para ser almodóvar es mejor, de hecho, ser un wey manchego cuya mamá le puso pedro y cuyo papá se apellidaba almodóvar.

o pensemos en el orgasmo de jim jarmusch. jarmusch ha ejercido en la primera hora y media de the limits of control una dizque disección del cool, un abundamiento aburridísimo sobre un asunto inabundable: el wey que nomás no existe. entonces el wey llega a su meta y su meta es bill murray y bill murray se atreve a quebrar la película, actuándola, y, quién sabe, algo se le transmite al protagonista y al fotógrafo, que se atreve a su vez a romper su encuadre, a languidecer y tras la muerte de bill murray (ah, lo anterior era spoiler) sale a la carretera y la carretera es una negrura cósmica, pastosa, sucia, interminable de un jim jarmusch inspirado. (como todos sabemos, ser cualquier jim jarmusch es facilísimo, e incluso uno de los personajes de the limits of control habla de un jarmusch que no es jarmusch [cf. la vie de bohème]. lo verdaderamente difícil es ser el jim jarmusch que nació en ohio en 1957.) un jarmusch inspirado y bellísimo como sólo los autores que son ellos mismos saben serlo.

~ by alonso ruvalcaba on November 17, 2009.

11 Responses to “apuntes : the limits of control vs los abrazos rotos”

  1. y esto es hermoso: clic.

  2. Hablando de autores y auto-referencias: eso de el director enamorado de la interaccion entre su puño y su pito ya lo habias dicho hace mucho en un post sobre death proof (namas como apunte)

    Muy chingon que el blog siga vivo. ¿algo de antichrist, o parque via?
    un abrazo

  3. jaja. es que yo también estoy enamorado desa interacción!

    gracias por pasar por acá. nomás por eso salvamos el blog.

    de las pelis que dices: “jeje”, a ver si gabo ya las vio. :o(

    un abrazo

  4. Bueno, Tarantino y Almodóvar son primos hermanos: por lo menos a través de sus dos últimas cintas. Cineastas enamorados del cine que es de sí mismos. Más allá del cine, no hay vida. Más claro en Tarantino que en Almodóvar, en todo caso.

  5. ok, “la diferencia entre ronald emmerich o michael bay y almodóvar y jarmusch es, nada más, que en los primeros las convenciones son obra ajena, en los segundos obra propia” pero: ¿nada más?

    creo que el hecho de hacerse de una voz o una pequeña mitología propia ··no ajena·· que además resulte memorable para un montón de gente, no debería ser juzgado en una línea del tiempo ··”esto ya lo hizo”··, sino en una proyección azarosa de toda la obra: si los temas de los autores son lo suficientemente exprimibles, podremos comprobar que hicieron bien en darle tantas vueltas al asunto.

  6. ok. pongamos que únicamente existieran the limits of control y abrazos rotos, que sus autores nunca hubieran hecho otra película: la crítica central del post se mantiene: la de almodóvar está muy mal actuada, la de jarmusch es aburridísima.

    y bueno, lo de emmerich y michael bay era una bromita, wey, seas mamón! (y además sí: unos como otros se apegan estrictamente a sus convenciones.)

  7. jaja txingá! (todos se apegan a sus condiciones, pero no veo a michael bay filmando esa escena de celos ><).

    pd. te gustó la escena donde padre e hijo pichan la peli de vampiros?

  8. nop.

    pero me fascinó esa donde las manos del wey acarician en la pantalla el beso pixeleado. hermosísima.

    :o(

  9. Excelente texto, Alón. Pero esta es un chaqueta en la que no quiero participar. Paso sin ver.

    ¿No hay nada de la India?

  10. Ayer por múltiples razones no vi los abrazos rotos, hoy sin falta me entrego al sano ejercicio de la puñeta.

    Un abrazo.

  11. Sies: ¿Es necesario otro post de cinecdoque donde reine la escatología?
    Siete: Yo creo que sí, que estoy de acuerdo en los códigos que hacen convencionales a los “autores”. Y en que los gozos del puoño y el miembro llevan al orgasmo más placentero cuando son un catálogo de todas las fantasías, como en Los límites del control; y al orgasmo más pinche cuando la fantasía la reprimimos por querer estar con un nuevo amante.

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