battle royale y suicide club

 

abandonadas todas las esperanzas ya de que Gabo termine este año con atonement y el metarelato posfinisecular, un acercamiento enciclopédico, sin verdaderas ganas de comentar la muy visible pero menor eastern promises (aunque sí de elogiar los alcances musculares de un cada vez más cool viggo mortensen), y con un franco retraso en cuanto a la revisión de los estrenos de abril (control, i’m not there, into the wild), nos damos a la tarea de recomendar dos delirios nipones gore de estos años “double o’s” para el que ya haya repasado toda la cartelera y busque divertirse insanamente en casita: battle royale y suicide club.

battle royale (2000) se desarrolla en un japón no muy futurista, más bien alterno, en el que bajo el objetivo de controlar el crimen juvenil  y el creciente descontento social, el gobierno crea un reality show en el que un grupo de preparatorianos es trasladado -¡con todo y uniforme escolar!- a una isla estilo survivor en la que se tienen que dar en la madre en un sálvese quien pueda donde todo se vale. si algún teenager se niega a cooperar, simplemente se le vuela la cabeza en megacloseup  culposo vía un collar explosivo muy a la usanza de los que traían los rehenes de las farc en su época más gacha. para hacer al reality más interesante, en la isla hay metralletas, cuchillos, granadas, resorteras y un montón de ingeniosas trampas que hacen de todo el merengue un festival gore de alta escala. battle royale o batoru rowaiaru, dirigida con mala leche y un prendido sentido de la diversión cinematográfica por kinji fukasaku, saltó brevemente a la notoriedad mundial debido a que una de las protagonistas, chiaki kuriyama, fue seleccionada por tarantino (muy fan del ya finado fukasaku) para interpretar a gogo yubari, la letal lolita asesina castradora de la bola de picos en kill bill.

supongo que podríamos subrayar que el subtexto de battle royale es harto complejo por ser una metáfora sobre las leyes humanas y la degradación salvaje en la tradición de el señor de las moscas, pero la neta es que sus placeres son mucho más primarios que eso. es, a mi juicio, uno de los divertimentos más logrados de esta década.  las chavas y chavos, en su mayoría, distan de ser mal pedo, por lo que cuesta trabajo verlos morir uno a uno a la dirty dozen, aunque es innegable que hay algo de goce vicario/revanchista en todo el asunto.  por ello, si alguna vez han soñado en masacrar a los de rbd, pues no lo duden y saquen esta película del blockbuster. takeshi kitano, por cierto, está hiperdisfrutable en un perverso cameo como sádico maestro ojete tiracuchillos que pone en orden al grupo condenado.

suicide club (2002), más difícil de conseguir en méxico, se centra en el fenómeno de una imparable ola de suicidios entre la adolescencia de japón.  las razones que animan tal comportamiento son incomprensibles, lo único que sabemos es que todo está relacionado con un grupo pop estilo “la onda vaselina” y unos perversísimos niños comandados por un misterioso y manipulador infante al que nunca vemos y del que sólo escuchamos una voz que se expresa con una constante e incómoda tos.

suicide club o jisatsu saakuru se mueve entre el pop absurdo (esa primera secuencia donde saltan decenas de colegialas tomadas de la mano a las vías del metro), un gignol megarisible en su referencialidad (el líder del falso suicide club cantando que quiere morir como “juana de arco en un film de bresson” -¿?-  mientras aplasta gatos y ultraja niñas) y momentos en verdad  torcidos (el bizarro e inquietante final, el niño de la voz carraspeada que empuja a un policía a reventarse los sesos tras preguntarle si se “siente bien consigo mismo”, una ama de casa cortándose los dedos como si fuera una cebolla para guisar, entre otros).

nada en suicide club, de sion sono, hace sentido (por lo menos en términos narrativos) y, como sucede con una buena parte del horror japonés, resulta desesperante en su inaprehensibilidad (o quizá sea que mi mente occidental busca de manera equivocada un mapa en un género cuya clave sea una cuestión de mera estética subvertida, donde la proyección personal en los hoyos del relato sea más importante que el relato en sí); el efecto final, empero, es freaky, perturbador y un tanto desolador (queda la idea de que los niños y adolescentes se suicidan por una decepción abstracta ante la pérdida de contacto interno/existencial de sus mayores). la cinta se va desdoblando en la mente conforme pasan los días y uno siente la extraña necesidad de verla de nuevo. toda una joyita mind-fucker.

~ by mauroforever on April 14, 2008.

15 Responses to “battle royale y suicide club”

  1. Hola. Y dónde consigo Suicide Club?
    (¿Qué es eso de “hace sentido”?)

  2. Mea culpa: soy un gringo. La expresión correcta, entiendo, es “nada tiene sentido”, en lugar de “nada hace sentido” (aunque mi corazón me diga que suena mejor y con una intención más cercana a la pensada lo segundo que lo primero). Es como si tradujera “stop making sense” como “deja de tener sentido” a “deja de hacer sentido”. Yo compré Suicide club en NY (¡en serio que soy gringo!), pero imagino que debe de andar por ahí. Seguro en el Chopo con Juan Healdio, si es que todavía se pone).

  3. Muchas gracias.

    Sí, ya sé que es la traducción literal de make sense, pero me saca de onda escucharlo así… pues, así !

  4. Battle Royale me sigue frikeando. No creo volver a verla en mi vida.

    Y pues Suicide Club…digamos que está en japonés conseguirla.

  5. pues acá la tengo. luego la subo en rapidshares.

  6. aunque sí Battle te freakeo, Suicide es mucho más cabrona.

  7. ja ja
    eso sonó a comercial
    si Battle Royale te asustó, Suicide te shockeo, Battle Royale 2 te matará de terror!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  8. ok, lo admito: yo vi battle en youtube. por ahí debe andar, no? un rapidsharazo y sanseacabó.

  9. Uy a mi me encantó “Eastern Promises”. Como no soy crítica de cine, no la estoy calificando, pero me gustó mucho; una trama interesante, personajes ambivalentes, relaciones perturbadoras, buen desempeño actoral de todo el elenco, aunque en mi opinión, el que casi se roba la película es el actor que personifica al patriarca Semyon, Armin Mueller-Stahl, notable actuación y una gran personalidad.

    Saludos

    PS O sea que los 5 tomos de “Atonement” van a quedar en promesa?

  10. Yo a estas alturas me contentaría con un resumen ilustrado.

  11. El club… yo la ví por vez primera en un maratón que organizaron los chicos del cineclub de mi facultad, hace ya varios ayeres. No estoy seguro, pero tengo la idea de que la primera vez que la cinta se proyectó en esta ciudad fue en otro maratón, allá en el José Martí. En fin, buenos recuerdos los de este post.

    Saludos.

  12. La verdad es que yo esperaba más de Battle, pero, no deja de ser una cinta interesante y divertida para ver entre cervezas y con amigos, Suicide no la he visto pero con tu reseña surely I will soon, digo, ya que andamos con gringadas.

  13. Uy, battle royale es una favorita personal. Podría verla un millon de veces sin cansarme 8creo, sólo la he visto dos veces)

    Suicide club la venden pirata en mi escuela y siempre me ha llamado la atención, pero no había leído ningún tipo de recomendación hasta ahora. Creo que es tiempo de adquirirla.

  14. Tengo miedo.

  15. Alguien sabe la traduccion literal de Jisatsu Sakuru???

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