cual charla de café 3

Mauricio propone: 5 y un bonustrack: 

1. Tras una cruenta lucha cuasimitológica consistente en haber guiado a los sobrevivientes del apocalipsis a lo largo de un penoso éxodo hacia el paraíso –o si no hacia el paraíso, por lo menos sí hacia un lugar donde exista la naturaleza y no se encuentren perpetuamente amenazados por las locuras de una banda de sicópatas malhoras obsesionados con la estética cyberpunk–, Max, Mad Max, el llamado “Guerrero de la Carretera”, estrella el trailer/ fortaleza que almacena la gasolina necesaria para concluir el último tramo del escape. Todo parece perdido: sin la preciada gasolina almacenada en el vehículo, el único futuro posible para la civilización es la esclavitud. Pero hey, momento, esto es una película con final feliz: Mad Max no está muerto. Por el contrario, como si se tratase de una versión futurista de Jesucristo, Max emerge madreadísimo del trailer, se acerca a los tanques y entonces descubrimos que en realidad no estaban llenos de gasolina, sino de una blanca arena que a la distancia se confundía con el preciado líquido. El trailer era una mera pantalla para que el resto de la caravana pudiera escapar. La gasolina, nos informa una voz en off, iba escondida en los vehículos. El rostro de Max, puteadísimo, esboza una sonrisita cínica onda Bogart. Escuchamos un motor… ¡Es el capitán Gyro!: personaje entrañable, “Dios de los aires”, amigo/buddy/otrora enemigo de Max, al que creíamos muerto. Los dos intercambian una mirada irónica y uno quiere pararse a aplaudir de la puta emoción de saber que este par de cabrones sobrevivieron a todo y a todos. La voz en off nos dice que los sobrevivientes de la civilización encontraron “la tierra prometida” y se desarrollaron en armonía, gracias en buena medida al liderazgo de Gyro. Y Max… ¿qué fue del “Guerrero de la Carretera”? La voz en off nos informa que ya nunca supieron nada de él, aunque se encuentra “vivo en sus recuerdos”. Ultima imagen: Max camina a lado de su perro hacia el atardecer, solo, mítico, melancólico, invencible. La ultra cool Mad Max 2: The road warrior. 

2. Después de discutir los detalles de su acuerdo criminal/narco, Colin Farrell y Gong Li se van a La Habana a coger y tomar mojitos en un bote rápido y ultratecnificado. Es un momento de una belleza estremecedora, atinado reflejo de la efímera liberación de un par de amantes que saben que la vida se les va y que el tiempo que queda es mera suerte. No hay cortes rápidos ni trucos. Un par de planos largos y la rola de Moby son más que suficientes. El bote parece hacerle el amor al mar. Miami Vice. 

3. De ser un tipo centrado y serio, como debe ser el jefe de la torre de control de un aeropuerto, y que aparte esa semana se había propuesto dejar de fumar, vemos a un Lloyd Bridges con los pelos parados y el traje hecho harapos inhalando cemento o algo parecido al final de la megaclásica “¿Y a dónde está el piloto?”. El estrés como garantía de caracajada histérica. Línea clásica, tomada de entre varios momentos clásicos: “Esta no es semana para dejar de inhalar”. Amén. 

4.Tras varias horas en las que ha perseguido y ejecutado a los replicantes rebeldes Nexus, Deckard, el Blade Runner, se apresta a correr su cuchilla en contra de Roy, quizá el androide más perfecto sobre la tierra. Deckard, quien, ahora entendemos, también es un replicante, quizá el modelo más humano y fallido de todos, no es rival para la perfección de Roy y recibe severa madriza que lo coloca al filo de la cornisa de un edificio clásico que de alguna manera sobrevive en el escenario apocalíptico de Los Angeles de mediados del siglo XXI. Justo cuando va a caer, Roy lo sostiene y le ayuda a colocarse a salvo. No había realmente necesidad de matar a Roy, puesto que estaba programado para morir y, pese a su misma perfección, no había nada que pudiera hacer para revertir su destino. Bajo una alucinante lluvia ácida, con lágrimas en sus ojos, Roy se reblandece, toma en sus manos una paloma que busca refugio y como Marco Polo alguna vez le debió de haber contado a un gran Kahn del lejano Oriente sobre lo visto en sus viajes, le platica a Deckar sobre soles, planetas y explosiones hermosísimas que ha visto en el espacio y ningún hombre será capaz de apreciar. Le habla sobre las maravillas de la creación, sobre la vida vista a través de sus ojos, y sobre como todo eso se desvanecerá, de manera caprichosa e irreversible, dentro de un breve instante, “como lágrimas en la lluvia”. La paloma vuela y sabemos que Roy ha muerto. Blade Runner. 

5. Un errático y torpe Ben invita a Sera a cenar (un spaghetti y varios cocteles). En su peda, Ben tira el plato, haciendo evidente su torpeza ebria. Sera se pone un poco nerviosa y agarra un cigarro. Magia. Vemos a un Ben en control total que prende un cerillo en chinga y, haciendo gala de estilo y amor en un imposible movimiento de dedos, enciende su cigarro. Ella, comprendiendo que está ante un gigante, deja que se lo prenda y sabemos que no hay manera en que se separe de él. Vemos el rostro de penetrante de Ben e intuimos que era un dandy en otra vida, de la cual sólo quedan rastros de una elegancia devastada, pero aún evidente, siempre evidente. ¿Qué demonios pasó? ¿Por qué nos perdemos así? Vemos en algún momento de la película que Ben quema la foto de su familia, pero la razón, intuímos, es mucho más cabrona que eso. Nicolas Cage nunca ha tenido un mejor momento que ése. Leaving Las Vegas. 

Bonus track. En el segundo capítulo de la sexta temporada de Los Sopranos, Tony Soprano –en coma tras haber sido baleado por su tío Junior— se imagina en su delirio comatoso como un hombre diferente que se encuentra súbitamente fuera de lugar y tiempo. El final de ese capítulo es sublime: Tony, -solo, gordo y en un hotel en el que se encuentra registrado bajo otro nombre- quiere llamarle a alguien, pero se arrepiente. Se sienta en la cama. La cámara lo muestra abatido y en el fondo vemos a una ciudad nocturna (Los Angeles) con un lejano faro de luz que brilla intermitentemente y que parece sacado de una cinta de Michael Mann. Ninguno de los personajes de Los Sopranos, pese a su origen conservador italiano y la presencia constante de imaginería católica, cree verdaderamente en Dios (ni siquiera el sacerdote que se quiere tirar a Carmela). Pero aquí se detecta un sentido entrañable de culpa que raya en lo metafísico. Es como si el pecador Tony estuviera injustamente condenado a la soledad total por una cruel clase de orden cósmico. En el soundtrack suena “When it’s cold I’d like to die”. Bravo. 

~ by alonso ruvalcaba on February 22, 2007.

4 Responses to “cual charla de café 3”

  1. güey, sin duda la belleza del mar en ese momento de miami vice no tiene comparación. bote y agua y cielo como una cosa, no, como un cuerpo.

    orgánico.

  2. Ahí te van mis propuestas, aunque no las descibiré como tú lo hiciste.. Sé que las conoces…
    1. Recién jubilado, recién viudo, su hija casada con un donadie de familia patética, de vuelta a su casa desordenada en los suburbios, más grande y sola que nunca, Shmidt encuentra la carta del niño africano al que le envía 200 dólares al mes. Nada lo había doblegado, hasta ese momento. Llora y Jack Nicholson nunca fue más conmovedor. About Shmidt

    2. Jessie y Celine se reencontraron después de nueve años y un one night stant que nunca olvidaron. Después de unas horas de recorrer las calles de París, de hablar de TODO, después de reproches, de confesiones, de aplazar una despedida inevitable, Jessie observa a Celine bailar, Nina Simone de fondo… No sabes cómo Linklater va a terminar la película. Y una línea final, inolvidable.
    –Baby, you are gonna miss that plane.
    –I know.
    Before Sunset

    3. Heroe. Es casi imposible escoger una secuencia favorita. Pero cuando el rey entiende la filosofía del guerrero, parado frente a la palabra “espada” que escribió uno de los hombres que intentó asesinarlo, es filosofía pura. Es la poesía hecha cine.

    4. No es porque no recuerde otra, pero propongo la misma escena de Blade Runner. Los cuestionamientos eternos de nuestro papel como seres humanos están ahí.

    5. Estella entra a la casa de Finn. Él está sentado. Stella se acerca. Él empieza a tocar con los dedos sus muslos. Poco a poco sube la mano. Una de las escenas más sensuales del cine… Y hay otras en la peli… Cuando ella le da un beso cuando está tomando agua en Central Park.. La sesión de pintura en su depa con “Just like a friend” de fondo… Y esta no es sensual pero es super bonita: Cuando Finn le recuerda a la tía:
    –You feel this? Is my heart. And it’s broken.

  3. Por cierto, olvidé mencionarlo, pero de Blade Runner me quedo con el director’s cut.. sin explicaciones las miradas y las imágenes son más emotivas. Además el final no es tan alentador.

  4. No soy buena con listas. Voy a dejar nada más una escena, porque está fresquecita en la memoria, recién la revi anoche…
    Escuchas los caballos y ves los árboles. Luego las voces en la penumbra (como acontece tantas veces en esta película, a veces hasta en la total oscuridad): Ike y Tracy están en un carruaje en el Central Park. Sí, sí, eso fue lo que deseó Tracy, de todas la cosas que le podría ofrecer una noche neoyorquina. Bien que Ike intenta clasificar el paseo como “cursi”, pero finalmente se deja llevar por el ambiente que la sabia muchachita de 17 años (quizás el único personaje maduro en esa película) supo crear. “You are God´s answer to Job”, o sea: tantas cosas malas puedo crear, pústulas tremendas y sufrimientos atroces, pero también una joven Mariel Hemingway sobre cuyo hombro en blanco y negro Woody Allen se lanza a dentadas, con más ternura que volupia… Si no vieron “Manhattan”, hay que verla, es una delicia.

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